Q&A:
Belén López
De Carlo
Una conversación sobre el hacer como proceso: intuición, tiempo y decisiones que se construyen en relación con la obra, el contexto y los otrxs.
Qué obsesiones / temáticas recurrentes se reflejan en tu trabajo? Hay preguntas que emergen al momento de elegir qué retratar?
Puedo detectar en mi trabajo algunas repeticiones formales y otras más sutiles. Esas son las que me interesa registrar porque conectan de alguna manera toda mi producción. Me guío mucho con la intuición, algunas veces aparece una idea concreta en mi cabeza, pero generalmente entiendo qué estoy haciendo una vez que tengo adelante mío varias pinturas terminadas. Una pintura me da pistas para la siguiente. Son esas pistas las que me llevan a estar alerta a los encuentros con determinado objeto o situaciones que refuerzan la idea principal o la sensación que estoy buscando transmitir y las fotografío con el celular.
Por supuesto que siempre hay preguntas. Soy una artista que necesita entender. Pinto para comprender la realidad que me rodea.
En mis pinturas exploro las formas en que nos vinculamos social y afectivamente. Esta temática atraviesa toda mi obra. En la serie “Millennials” y “Realidad filtrada” exploré cómo son las relaciones en la realidad virtual. En “Mi sueño romántico” investigué cómo nos vinculamos afectivamente en la realidad física. La tensión pasó de afuera hacia adentro y en esta búsqueda fui de lo superficial a lo profundo.
En este momento estoy trabajando en una serie nueva que se llama «Metamorfosis» y que quiere llegar más hondo y hacer visible lo invisible. A su vez, es un retorno a preguntas existenciales que aparecían en mi primera serie de pinturas “Bajo el umbral de la consciencia”. Allí, usando una simbología personal, busqué acceder a mi inconsciente para entender la realidad. Es un ir y venir constante, un hecho cíclico, en donde cada acto, acontecimiento e instante se repiten eternamente.
Hace poco leí una entrevista, en la que un artista contemporáneo se cuestionaba acerca del valor del arte, y la superficialidad de algunas obras. Hacía una comparación simple pero interesante, decía algo así como que el Arte necesita ser más que una hamburguesa con papas fritas, más que comida chatarra para los ojos.
En el contexto actual, en el que la producción de imágenes es tan rápida y masiva, encuentro en tu obra un contraste entre los objetos, las situaciones efímeras que se retratan y la elección de la técnica. Un rasgo de resistencia: pintar al oleo, con máximo detalle, en diferentes escalas. Sentís que hay una reivindicación del oficio, en tu trabajo?
Sin lugar a dudas, lo tengo muy presente a la hora de producir. Me interesa recuperar o valorizar el tiempo del hacer que se contradice con los tiempos de la virtualidad. Me gusta jugar con la intriga de si es foto o es pintura. Trabajo el óleo de una manera muy pulida para asemejar la terminación a la de una pantalla de celular reproduciendo su brillo, saturación, color y luz.
Las contradicciones aparecen todo el tiempo y busco que se vean. En «Una promesa incumplida» mi primera muestra individual que se puede ver hasta el 16 de octubre en Praxis, el visitante con lo primero que se encuentra es con un espacio muy íntimo y pequeño, enmarcado por una cortina levemente rosada y traslúcida que da una sensación de ternura y calidez. Luego se enfrenta con la luz fría que elegí para iluminar la sala y con la primera pintura que inaugura el recorrido: una mancha de vino (o de sangre) derramada en el piso anunciando el accidente.
Además de pintar, das clases de dibujo y pintura, facilitás espacios de exhibición, acompañás proyectos de artistas, por fuera del entorno de las galerías. Sentís que se nutre tu trabajo en el encuentro con otrxs?
Totalmente. Desde la docencia me convoca transmitir el poder sanador del arte y sus infinitas posibilidades, potenciando las capacidades y búsquedas personales. Me estimula el intercambio que se genera al trabajar en grupo. Parte de mi reflexión como artista surge del contacto con los demás.
Los dos últimos años empecé a abrir mi taller para invitar a otros colegas a exponer en conjunto. Me interesa armar proyectos colectivos y retroalimentarme con mis pares.
En mayo de este año mi obra se conoció con las de otras pintoras en un flete que venía desde el premio Bancor en Córdoba a mi taller en Villa Ortúzar. Justo me habían invitado a abrir mi taller para SACH y aprovechando la oportunidad propuse hacer una colectiva. Esa muestra devino en el grupo «Pintoras» (nombre a definir), somos 8 artistas que nos juntamos cada quince días en nuestros talleres a intercambiar ideas, datos, necesidades. Básicamente, nos ayudamos las unas a las otras.
Somos: Emilia Hendreich, Ligeia Ozanne, Majo Caporaletti, María Langevin, Nana Schlez, Micaela Gauna, Fernanda Kusel y yo.
Participaste de una exhibición grupal con otros artistas: Majo Caporaletti, Candelaria Fernández Coya, Emilia Hendreich y Francisco Ratti. Cómo te llevas con el modo de trabajo colaborativo? Qué aporta la mirada o el acompañamiento, en el proceso de creación o muestra de lo que hacés?
El modo de trabajo colaborativo me parece fundamental. Es muy difícil este camino en solitario. Ya el trabajo en el taller es a solas. Surgen muchas preguntas en el medio y todo es más liviano cuando es compartido. Tuve la suerte de cruzarme con artistas que además de ser muy geniales son buenas personas. Nos ayudamos entre todos y ahí está la clave para crecer y sostenerse en el tiempo.
La mirada del otro ayuda muchas veces a ver las cosas que a uno se le escapan o a terminar de entender qué estás haciendo. Pasamos tanto tiempo con la obra que dejamos de ver. Es necesario una mirada objetiva, sobre todo cuando querés armar una muestra donde entran los espectadores y las miradas se multiplican.
Cómo te llevas con la mirada externa, con la crítica? Te condiciona pensar en quién va a ver tu trabajo y en cómo lo va a recibir?
No siento que la mirada externa condicione mi hacer. Siempre traté de mantenerme muy auténtica y fiel a mis imágenes. Para mi es muy importante la confianza en mi misma y en mi intuición a la hora de producir. Intentar callar las voces externas que aparecen en la cabeza y que solo generan duda. No se puede crear una pintura indecisa, creo yo.
Si me interesa la mirada del espectador y como recibe mi trabajo, pero en un proceso posterior. A la hora de sacar conclusiones. Cuando estoy en la vorágine de la pintura trato de no distraerme y confiar.
Q&A:
Belén López
De Carlo
Q&A: Hacer en la práctica





























